Misión imposible: Sentencia final (2025) pone cierre a la archiconocida saga de Ethan Hunt, o lo que es lo mismo, Tom Cruise dando piruetas y puñetazos. Su figura se ha mezclado tanto con el personaje que es imposible diferenciar ambos. Más allá del interesante giro que a tomado la carrera del actor, convertido en una especie del mesías del blockbuster y volviendo a la cinta en cuestión, Misión imposible 8 forma con su cinta antecesora –Misión imposible: Sentencia mortal (2023)-, el capítulo final de la saga, siendo indivisibles. De hecho, sino visteis el filme de 2023, es difícil no encontrarse perdido, porque aún habiéndola visto en su estreno, sigue siendo la más confusa de la saga, con demasiado personaje suelto y trama inconclusa. Si bien, la cinta funciona como un embudo, que elimina las piezas discordantes del filme previo al inicio, es complicado hablar de la última iteración de la saga sin contar con la anterior.
Ethan Hunt debe acabar con «La Entidad», una poderosa IA que ha alterado a su gusto nuestro mundo, tras filtrarse a la red. Hunt, con sus clásico elenco de secundarios, recorrerán el mundo en una última misión, buscando la matriz base de la IA, antes de que se haga con los arsenales nucleares de todas las superpotencias. Es lo que promete, acción y artificio, con la dirección que Christopher McQuarrie, impuso en la saga desde Misión imposible: Nación secreta (2015). Quizás no llegue al nivel de Fallout (2018), pero que encuentra un espacio seguro en dos grandes secuencias que articulan el corpus dramático. Estamos hablando de la inmersión en el submarino y la posterior persecución en avioneta. Me ahorro detalles, ya que sin duda resulta los más gratificante de la cinta.
Fuera de la épica que asociamos claramente con el cine de acción del actor, el resto de la película se compone de piezas trilladas. Confeccionando una máquina apunto de reventar. Primero e inevitablemente, los problemas de la anterior, mayormente narrativos, le pasan factura, haciendo la trama un tanto áspera. Segundo, McQuarrie se ha encasillado. Sus planos y montaje se vuelven muy repetitivos a lo largo del metraje, en parte por su extensa duración. Y finalmente, la propia formula de la saga. La franquicia iniciada en 1996, se convirtió con Misión imposible 3 (2006), en copia y pega. Le siguieron cinco secuelas con mismo desarrollo y entendimiento de la acción. El problema es que en 2025, una bomba con cuenta regresiva in extremis no sorprende y las misiones son tan imposibles que se convierten en una especie de autoparodia que funciona a base de deus ex machinas. Es entretenida y no engaña, desde un inicio sabes en que consiste la misión, pero se enredan en situaciones imposibles y sobre explicaciones baratas, que lastran el ritmo muchísimo. Y es que la narrativa avanza a trompicones, con escenas adrenalínicas intercaladas con secuencias de muchos personajes planos dialogando sobre lo habilidoso que es Tom Cruise. Si bien, Misión Imposible siempre ha sido así… Ya cansa. Por eso a mi opinión debe de ser la última. No solo por los montajes de escenas de cintas previas y cameos varios, que resultan ridículos por momentos debidos a un montaje deficiente; sino porque la formula ya no funciona. Bueno, aquí sí, pero no funcionará en la novena.
Pese a lo mucho que he podido quejar, es un buen divertimento. Para mí, que vi las seis primeras partes de seguido, es un sueño ver acabar una franquicia tan grande. Además de ser muy interesante la dinámica del villano, una IA que controla todo y obliga al espectador a pensar en un inminente futuro. Por eso, siempre tendrá éxito el cine de Tom Cruise, porque aunque pueda ser exagerado sabes que hay un equipo y una inversión humana importante.

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