Inicialmente, en este artículo me dedicaba a analizar pieza a pieza, la obra fílmica de la mas grande leyenda del cine de artes marciales, Bruce Lee. Una carrera breve pero intensa de cuatro protagónicos en tres años, pero gracias a la cual se convirtió en un icono reconocido a nivel mundial y con un culto propio de seguidores en todas partes. Fue una estrella que destacó como actor y, sobre todo, como maestro de artes marciales. El artista poseía una visión de estas artes plenamente ligadas a la filosofía, dando como fruto el jeet kun do, un estilo único basado en la mezcla de técnicas y la autosuperación diaria.

Si bien me ha encantado ver su cine, uno de acción y honor con epicentro en Lee como estrella absoluta, es inevitable verlas como una fórmula que cimienta The Big Boss (1971, Lo Wei), y se repite hasta Enter the dragon (1973, Robert Clouse), sin apenas cambios. Se presenta un alter ego de Bruce Lee que llega como extranjero a un sitio, ya sea Roma o Bangkok, y debe enfrentarse a la mafia local que está cohibiendo a la población de inmigrantes chinos. A parte de la pizca de drama que le podamos añadir, a base de subtramas que versan de venganza o racismo, el eje y objeto de interés de la cinta son las tortas. Y es que las secuencias de acción de su cine, sirvieron de base tanto para sus sucesores, como Jackie Chan, así como para el cine de acción posterior. En una cadena de influencias bastante clara, Bruce Lee influenció a John Woo, y John Woo en Occidente. Porque sin Woo, director de clásicos como The Killer (1989) o Hard Boiled (1992), no existiría John Wick y el cine de acción occidental habría seguido por la línea establecida por Rambo y compañía. Son tramas sencillas pero que funcionan. De hecho, es por eso que Enter the dragon (1973, Robert Clouse), la única cinta que protagonizó el actor fuera de Hong Kong, es la peor. La cinta abandona la simpleza en búsqueda de un estilo más James Bond, el problema es que el contraespionaje y los nuevos personajes le restan a las patadas. En su defecto ved, Fist of Fury (1971, Lo Wei), cuyo refinamiento en las secuencias de acción es tal, que solo desearas ver, esta cinta una y otra vez.
En vez de realizar un análisis integro, me voy a centrar en hablar de la película más polémica de Lee, hablo de Game of Death (1978, Robert Clouse). Estrenada después de cinco años de la muerte del maestro más conocido de las artes marciales, supone su segunda cinta póstuma, ya que falleció antes del estreno de Enter the dragon (1973, Robert Clouse), pero la primera que no acabó. Juego con la muerte, en su título español, es una cinta inacabada que se construye de piezas sueltas de sus cintas previas. Lo único nuevo para un espectador de su cine es la parte final, una suerte de combates filmados como ensayos de lo que sería su nuevo filme. Probablemente ahora no estaréis entendiendo nada, a no ser que hayáis visto la cinta, así que vamos paso a paso.

Billy Lo (Bruce Lee), una estrella del cine de acción, es presionado por un sindicato mafioso. Ante la negativa del actor, el sindicato envía a sus sicarios, obligando a Lo a responder con los puños. Tras el éxito de The way of the dragon (1972), cinta dirigida por el mismo Bruce Lee, Raymond Chow, productor de todas sus cintas previas planifica una nueva cinta. Esta, la futura Game of Death, apenas alcanza la preproducción, ya que solo se graban un par de secuencias. Esto se debe a Warner Bros., que le propone al actor Enter the dragon (1973). Lee, en pleno apogeo internacional, detiene la producción de Chow temporalmente, para protagonizar la primera cinta de un gran estudio producida en el sudoeste asiático.
Después de la muerte del actor, Chow contrata a Robert Clouse y le pone a terminar la película inacabada. Para ello, se nutre de un cast internacional y de un clon de Bruce Lee que realiza todas las escenas del filme, menos, claro está, los escasos veinte minutos que se grabaron con el actor real. Así la cinta es un collage de escenas de sus cintas anteriores -incluidos el final de Fist of Fury y The way of the dragon-, además de videos reutilizados del actor encontrados por el archivo. La cinta disfraza a su doble de distintas formas, con barba o casco de moto, para que un espectador despistado no encuentre las más que claras diferencias.

La polémica estaba servida. Un actor muerto cuyas escenas son recicladas para una película que encima es mala y se aprovecha de la imagen del gran ídolo del cine hongkonés para hacer caja. Eso, de primeras ya es suficiente para cancelar un proyecto así, el problema es que nos encontramos en pleno apogeo de la Brucexplotation y Raymond Chow con las imágenes de archivo en propiedad podía hacer lo que quisiera. Mi principal problema es que el filme se debate entre el homenaje y el esperpento. Por un lado, se recrean las cintas anteriores y sus rodajes, además el uso de metraje de anteriores películas da un cierto halo de réquiem por el fallecido. Por otro, el uso de la cara de Bruce cae en la parodia. Se superpone al cuerpo de varios dobles, además, y esto es lo que más grave me pareció, se muestra metraje REAL del funeral del actor. Esto último lo busca camuflar la trama, pero es de un mal gusto terrible.
¿Cómo pudieron permitir esto? Bueno, esto es más complejo. En How Hong Kong Action Films Resisted Colonialism, el canal de Youtube Erudite Critic, analiza la importancia del cine de acción en Hong Kong. Si bien se centra específicamente en The Killer (1989), establece la importancia que tuvo Bruce Lee en la industria y cultura de la colonia británica. Bruce Lee era más que un héroe de acción, era un ideal, una persona que llevaba lo autóctono en la sangre y lo mostraba con sus puños. Sus cintas mostraban a un hombre que usando las artes marciales hacia frente al racismo, el colonialismo y las mafias a golpe de patadas. Para Hong Kong, no era una estrella eran unos valores que la ciudad estado hizo suyos. Con la muerte del actor, se crea un doble vacío. Por una parte, Hong Kong pierde a su cara más reconocible, algo malo principalmente para la industria cinematográfica local; pero también un vacío respecto a quien será el nuevo ídolo en el cine de artes marciales.

Aunque llegados los ochenta, Jackie Chan suplantará al maestro como cabeza de cartel de este tipo de cine, a mediados de los setenta se produce la Brucexplotation. Bruce, convertido en un ícono será suplantado por infinidad de actores que protagonizaran cintas ridículas aprovechando el éxito del actor fallecido. Se suceden cintas de Bruce Li, Bruce Le o Dragon Lee, intentando despistar a los espectadores del género. El productor Raymond Chow aprovecha la falta de referente y la nostalgia hacia el artista marcial para hacer una cinta de grandes aspiraciones que se nutre de tener metraje inédito del actor.
Es triste ver la película. Se nota que hay poco alma detrás y, pese al cast y la obvia inversión, tiene un estilo más arcaico que las cintas previas. El ritmo es deficiente y el continuo juego de ocultar la cara del doble solo deja entrever aún más si cabe la falta de solidez de un proyecto con un claro fin, aprovechar el tirón.
Es triste porque sus cintas anteriores son divertidísimas, sobre todo acostumbrados al panorama predominante en el cine de acción actual. Sobre todo, es interesante ver como muchos de los principios y enfoque de alguna de nuestras cintas de acción favoritas, como The Raid (2011, Gareth Evans), siempre ha estado en el cine de un mito de las artes marciales. Un mito que se llamaba Bruce Lee.
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