
En una industria cinematográfica post La zona de interés (2023) es inevitable preguntarnos como podemos tratar el holocausto sin caer en tópicos y en la banalización bajo a la que estamos sistemáticamente ocultando todo gesto de violencia. La mercancía más preciosa (2024) es un acertado intento de volver a la formula clásica de narrar el genocidio judío desde el drama con el giro de la fábula, aunque bajo unas buenas intenciones pesa una deficiente narrativa y foco.
En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, una pobre leñadora le reza a los «dioses» del tren por una mercancía que pueda aliviar su pesar, este regalo acaba siendo una niña de ascendencia judía, llevando a un inicial enfrentamiento con su marido, asustado por los «sin corazón». Si bien animación y narrativa se confabulan en pos de una narrativa inicial más cercana al cuento, esto rápidamente se abandona para mostrar el horror de Auschwitz. Un cambio total de tono que no funciona y que parece tirar por la ventana la idea conceptual del filme. En estos cambios de tono o recursos vagos -como mostrar al espectador el campo de concentración con un dedo apuntándote para que llores-, la película no funciona; intenta ser sutil y metafórica para tomar el camino fácil en su segunda parte.
Similar le ocurre en la puesta en escena. La animación es una decisión estética muy desaprovechada. Supongo que era una forma fácil de diferenciarse de los melodramas clásicos de Hollywood, pero, pese a su gran dibujo e indiscutible belleza, apenas explora las herramientas de este soporte. Esto también se produce por un montaje totalmente deficiente con cinco finales que buscan la lágrima fácil. Aún así las intenciones ganan dando una cinta que acaba ganando en un momento tan decisivo como este a la hora de revisitar dicho acontecimiento.
Deja un comentario