Un oficio del siglo XXI

por Darío Calvo

Defendiendo la política de autores. Tu blog de cine amateur.

Después de tres años desde Glass Onion (2022), Netflix estrena un nuevo capítulo de la saga de Benoit Blanc, Puñales por la espalda (2019), con Wake Up Dead Man (2025) o De entre los muertos. La franquicia creada por Rian Johnson alrededor de los casos del detective Benoit Blanc (Daniel Craig), en un claro ejercicio de Whodunit según la tradición de Agatha Christie, es uno de los casos más sorprendentes de éxito del último tiempo y también de los problemas actuales de la industria. Tras el fracaso de su capítulo para Star Wars, Los últimos Jedi (2017), Johnson volvía a su cine negro predecesor con un claro homenaje a las novelas de Hércules Poirot, en un filme de esquema sencillo y propuesta divertida. Se ha cometido un asesinato en una familia de ricachones envidiosos con ganas de una herencia cuantiosa, ahora toca averiguar quién lo hizo. La cinta, con una producción intermedia entre el indie y el blockbuster -algo que la industria hollywoodiense ha perdido casi por completo en un negativo esquema de muy caro o muy barato-, fue un rotundo éxito de crítica y público. Netflix, como siempre hambriento, ató al director y guionista a fuerza de cheque a la creación inmediata de dos secuelas. Aquí estamos de nuevo con la tercera entrega después de seis años.

En una pequeña congregación del estado de Nueva York, Monseñor Wicks (Josh Brolin) es asesinado durante uno de los comicios de Semana Santa. Wicks no era un cura ortodoxo sino que sus métodos y oración era cuestionada por el pueblo, pero abrazada por un pequeño grupo de fanáticos que culpan rápidamente al nuevo párroco, Jud Duplencity (Josh O’Connor). Lo que sigue lo sabemos todos, aparece Blanc (Craig) y con sus dotes de mago y humorista deberá encontrar al asesino y demostrar la inocencia de Duplencity en una espiral de comedia, parodia y giros inesperados.

La formula funciona y gracias al brillante guion y una estructura que se riza sobre sí misma con recursos varios -flashbacks, cartas, videos-, poco a poco se juntan las piezas y se descubre como algo más complejo de lo que parece a primera vista. Al mismo tiempo cambian ciertas cosas que mejoran, a mi criterio, lo planteado en Glass Onion. Nos encontramos ante una cinta contenida al estilo de la original que abraza temas serios y realidades sociales desde un prisma menos paródico y estrambótico que en la anterior, pero igual de divertido y de forma más inteligente.

Aquí nos encontramos ante una comunidad variopinta de distintos estratos sociales y mundos -no solo ricachones, lo que elimina el «Eat the rich» grotesco de la anterior por algo más sutil- unidos por la fe en una persona y sus enseñanzas. Obviamente, la cinta da muchos giros y evoluciona de formas inesperadas, pero plantea desde ese prisma del conservadurismo católico y culto a la persona -que por razones más que obvias son un temas de gruesa actualidad-, un abanico de problemas reales de nuestra sociedad -como el machismo, el culto al líder, los dogmas de la fe católica- y de nuestra condición de humanos -la avaricia y el honor. Todo esto aderezado por humor de rabiosa actualidad. Si es cierto, que al mismo tiempo en según partes de la trama y desarrollo de la cinta puede resultar más cliché, aunque por spoiler no puedo desarrollar. Otro punto positivo son los personajes, Blanc se va un poco al lado, brillando realmente Duplencity (O’Connor), en un arco inesperado de redención y recuperación de la fe en su oficio y el bien que puede hacer en una comunidad de forma casi pedagógica un párroco. Craig, pues está bien, pero llegados a la tercera no sorprende y parece parodiarse a sí mismo jugando a reírse de los recursos narrativos de la cinta previa, lo cual resulta para el repetidor muy divertido. El resto del reparto como siempre, se plaga de estrellas, en este caso, con la mirada puesta en las futuras caras de la escena con actores jovenes como Andrew Scott, Cailey Spaeny o el mismo O’Connor.

No recomendar una película cinta de Puñales por la espalda una noche de sofá, es como recomendar un helado italiano durante una noche de verano. Está bueno, funciona genial, divierte y cambia de sabor. El problema, y esto es cosa ya mía, es que es un helado. Obviamente, si funciona no tienes porque arreglar nada, pero que no se estrenen en cines y la clara pretensión de Netflix de explotar franquicias rentables, pues limitan a su director y a la franquicia. Creo que es un paso adelante respecto a guion frente a su antecesora, pero es claro que el gigante del streaming ha blindado a la franquicia de ser algo más que una carta ganadora para estas navidades.

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