Un oficio del siglo XXI

por Darío Calvo

Defendiendo la política de autores. Tu blog de cine amateur.

A final de año siempre me gusta hacer un vistazo a los estrenos del mismo. No tanto para hacer balance de la industria, sino porque el cine como cualquier arte nos marca en determinados momentos de la vida y en el año. Animándonos cuando estamos heridos, evadiéndonos de las vicisitudes del día a día o simplemente recordándonos que bello es vivir. Podría estar mucho más rato hablando del poder sanador del cine y del arte en general, pero no he venido a esto. Esto es un vistazo a mis cintas favoritas del año, no voy a decir que las mejores, pero sí las que creo que trazan un camino de esperanza en la industria. Están ordenadas por pequeños bloques temáticos, siendo la única que realmente considero mi favorita la última. También avisar de que ciertas películas estrenadas en 2024 que no llegaron a salas hasta navidades o posterior inicio del 2025, se han podido colar. Quitándonos de más introducciones, empezamos.

El tiempo dará la razón al 2025 de ser uno de los mejores años para el cine en España, Nos encontramos, a espera de las nominaciones y futura gala de los Goya, como un año de grandes proyectos y obras. A falta de varias posibles candidatas que no he visto, la competición por la nominación al Óscar parecía clara entre dos filmes de características contrapuestas. Romería (2025) es el nuevo relato de la directora catalana más reconocida de la escena, en ella convergen viejos temas pero con una mirada y forma de narrar nueva. El filme, en su visita a la historia oculta de la España reciente, une el drama familiar de fantasmas bajo las alfombras, con el onirismo a fuerza de montaje de Godard como si se tratará de algo sencillo. Por otra parte, esta la nueva obra de Oliver Laxe, Sirāt (2025). Polémicas aparte, la cinta construye una forma de narración casi desconocida en nuestro país, en una cinta «inicial» que tiene a partes iguales Mad Max y National Geographic, y que pone los nervios a flor de piel. Indiscutible su fantástico uso de la música para con la puesta en escena.

Romería (2025)

La escena del documental en España también ha dado de que hablar con la incursión de dos genios en sus respectivos campos y hablando de las tradiciones más enraizadas a nuestra tierra. Antón Álvarez, el conocido rapero C. Tangana, traía una pieza que aúna dos de sus indiscutibles artes, la música y el buen gusto. La guitarra flamenca de Yerai Cortés (2024) está filmado con un porte, buen gusto y detalle puramente artístico llevado de la mano por la música en un viaje por la curiosa vida de un rookie, Yerai Cortés. El documental se desglosa como un misterio con giro incluido. Aplaudida y odia, y resignificada hasta el cansancio está la nueva pieza del polemista por excelencia de nuestro país. No es Carlos Boyero, sino un Albert Serra que en su Tardes de soledad (2024) convierte la tauromaquia en una suerte de pintura negra de Goya llena de violencia con una mirada cruel en su objetividad. Claramente no es para todos los estómagos y el debate que la rodea pesa casi más que sus imágenes, pero es indiscutible que gracias a esta cinta Andrés Roca Rey podría optar al Goya por su espeluznante porte si de ficción se tratase.

Tardes de Soledad (2024)

Uno de los temas del año ha sido la redención. Darse cuenta de los errores y arriesgar apostándolo todo, sino decídselo a Dwayne Johnson y Mario Casas, protagonizando ambos películas donde aún siendo reconocibles sus gestos dan todo en obras llenas de carisma y buenas intenciones. Primero, Muy lejos (2025, Gerard Oms), una suerte que coming of age tardío en el que un hincha del Espanyol interpretado por Casas se queda solo en una Alemania desconocida para él, donde deberá luchar por su propia identidad. Un papel donde reconocemos su cuerpo y abrazamos la fragilidad de su actuación. En un giro total nos encontramos con The Smashing Machine (2025), el relato de la vida del luchador de MMA Mark Kerr (Johnson) y la espiral en la que poco a poco acaba encerrado de la mano de Benny Safdie, así que de acuerdo a las formas comunes de su cine junto a su hermano sabemos donde nos encontramos. Drogas, malas decisiones y un arco de redención donde Dwayne Johnson demuestra ser capaz de darlo todo en el ring y en el papel mediante la empatía. Puntos extra por una banda sonora de escandalo que arriesga mezclando Sinatra, jazz espiritual y rock en una cinta que va más sobre las esperas que sobre los combates.

The Smashing Machine (2025)

Me gustan las biografías, pero más que las reales, las ficticias. Las películas que sobre una persona con una profundidad que aterra saber que no son reales, ya sea un padrino de la mafia o un arquitecto brutalista. La comparativa igual es desproporcionada y solo el tiempo nos dirá, lo que si es cierto es la desaparición de esa gran épica americana que Brady Corbet nos propone en The Brutalist (2025). Una cinta hipnótica por una obsesión, la creación artística que arrastra consigo y consume al artista y su mecenas en un instante pequeño de una vida grandiosa. Pero, ¿puede una vida resumirse en un instante? Clint Bentley nos plantea una cinta casi opuesta en trama, pero similar en la forma. Nos encontramos también con un profundo análisis psicológico y personal, sustituyendo al genio arquitecto por un sencillo leñador. Train Dreams (2025) no es solo la mejor actuación de Joel Edgerton -quien también estaba espectacular en la desconocida The Stranger (2022, Thomas M. Wright)-, sino la victoria del hombre sencillo y de buena voluntad con una forma sencilla al servicio de las bellezas y pesadumbres de un relato conmovedor. Mi recomendación, sesión doble.

Train Dreams (2025)

Antes de mi favorita dos series y una película que me han obsesionado y que por falta de tiempo y de espacio no voy a desglosar. Primero, la juventud en forma plenamente felliniana de la nueva cinta de Paolo Sorrentino, Parthenope (2024), un homenaje en toda regla a una ciudad eterna como es Nápoles; en clave de thriller, casi de terror, la serie Adolescencia (2025, Stephen Graham & Jack Thorne), nos muestra la peor cara de crecer en la era de lo digital con una composición en plano secuencia sobrecogedor; por último, el drama también se puede vestir un poco «mamaracho«, algo que demuestra la tragicomedia meta televisiva Superestar (2025), en la que Nacho Vigalondo realiza un homenaje a lo peor de la televisión patria desde el goce absoluto.

Parthenope (2024)

Mi predilección por el cine de Luca Guadagnino, no es nada nuevo. Me encantan sus relatos entre lo romántico y la obsesión, entre lo bello y lo grotesco, sobre todo como une todo para mostrar y enseñarnos que es el amor. Su obra hipnotiza en fondo y forma, y aunque este año estrenará su película más «floja» con After the Hunt (2025) -un relato a lo Woody Allen con un fondo me too que se pierde en sí mismo-, estrenó a inicios del 2025 mi película, Queer (2025). Hablar de Queer es complejo. Es complejo porque son muchas cosas y porque tengo poco espacio. Es complejo porque es hablar de William S. Burroughs, uno de mis descubrimientos del año a nivel literario, un ser e insecto cambia formas que alteraba entre dos grandes adicciones: las drogas y el amor. El filme narra sus vivencias en una colonia norteamericana en la Cuidad de México de los cincuentas y su posterior expedición por el amazonas en busca de la Ayahuasca. Lo que esconde es un relato de amor y sobre todo de la ausencia de este. La cinta se siente, en sus potentísimas imágenes, un uso de la banda sonora magistral y en la actuación de un sorprendente Daniel Craig, que se nutre de su carisma habitual para crear una actuación y mimesis con Burroughs brillante e irracional. El computo otorga una nueva dimensión a una «novela» incompleta que Guadagnino ha reinventado siempre desde su cariño al autor. Es tanto una revisión y revitalización de la obra de Burroughs como una puerta de entrada clave a su literatura radical. Por favor, suena hasta Nirvana, ¿qué más os hace falta para que la veías?

Queer (2024)

Dicho esto, felices fiesta y próximo año nuevo. Nos vemos aquí, un fuerte abrazo,

Darío

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