Un oficio del siglo XXI

por Darío Calvo

Defendiendo la política de autores. Tu blog de cine amateur.

Al final de la escapada (1960) es una de las películas clave de la historia del cine. Una bisagra entre lo que era y lo que podía ser el cine, siendo la pieza más conocida de un movimiento al que llega un poco tarde como lo fue la Nouvelle Vague. Si sabéis de la historia de este medio, sabéis que todo gran director posterior ha bebido de este movimiento, igual no plenamente a nivel formal pero si a nivel puramente teórico, y es que el movimiento empezado en Francia por los críticos de Cahiers du cinéma influirá a buena parte de la vanguardia posterior. Igual no es buen momento para una clase de historia del cine, pero si lo es para hablar de la última película del conocido Richard Linklater, Nouvelle Vague (2025).

El uso de ese nombre en el título de la nueva cinta del realizador norteamericano no es casualidad, ya que la cinta en un claro homenaje a un momento clave de la historia de este arte, buscando representar este momento específico desde la realización de su cinta más emblemática Al final de la escapada. La ópera prima de Godard como escusa para llevarnos al París a caballo entre los cincuenta y los sesenta, donde se fragua un movimiento que lo cambiaría todo. El filme emplea a Jean Luc Godard (interpretado por Guillaume Marbeck) como maestro de ceremonias en una fiesta de nombres y de genios que formaban parte o rondaban el movimiento. Solo decir unos cuantos apellidos: Rohmer, Melville, Truffaut, Chabrol, Varda, Demy, Rossellini o Bresson. Si bien la aparición de varios de ellos es meramente cameo, es un retrato de la cantidad de genialidad que recorría las calles de la capital francesa. Un homenaje en lo que no deja de ser una comedia ligera sobre como hacer cine de guerrilla.

La cinta es una suerte de diario de rodaje que lleva a los integrantes del staff a sumirse en la espiral de locura de un rodaje con Godard. Hacer mediante un formato más abierto, como lo es la comedia, una democratización de este movimiento que tan lejos tenemos en el tiempo para atraerlo a un público más actual en lo que esta a caballo entre la clase de historia y el juego, porque el cine, aunque moral es también un juego. Así podemos asistir al rodaje de una cinta tan increíble como lo es Pickpocket (1959) de un genio como Robert Bresson y hacer gags ligeros que contrastan con la tonalidad de sus cintas y al mismo tiempo lo acercan a nuestros días.

La cinta no busca una simbiosis con el estilo propio del momento, más allá de ciertos trucajes visuales -filtros para ensuciar la imagen, blanco y negro, aspecto de ratio reducido-; opta por una mayor sencillez formal, aunque el propio estilo del director deja retajos de influencia de dicho movimiento, y es que aún siendo imperceptible, la revolución gala del cine sigue hasta nuestros tiempos. Fuera de eso, destacan las actuaciones. Marbeck está divertidísimo como este director genio y loco incomprensible, aunque quien se lleva la palma es la dupla protagónica del filme Zoey Deutch y Aubry Dullin, interpretando respectivamente a Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo. No solo la similitud con los actores reales, sino la dinámica para sí, con el director y con el resto del staff, en una celebración del acto de crear.

El resto es historia del cine. Creo que la mayor cualidad de la película es la democratización y el acercamiento general a este grupo y a sus cintas. Al final, los críticos hemos hecho ensalzar tanto ciertas películas y movimientos que los hemos cerrado al gran público, cosa que no debería ser. Esto solo limita el medio a unos pocos, con sus consecuencias en taquilla y producción. A veces hace falta una comedia sin pretensiones para que nos recuerde que el buen cine es de todos.

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