Un oficio del siglo XXI

por Darío Calvo

Defendiendo la política de autores. Tu blog de cine amateur.

Cuando pensamos en cine de animación, nuestro cerebro rapidamente nos lleva a las trilladas producciones de Pixar y Disney, en gran parte por su enorme altavoz. Es una pena, porque fuera del mainstream, encontramos obras fascinantes tanto a nivel visual como narrativo. Ya sea el remix de Apocalypse Now (1979) en clave Osos amorosos que propone la española Unicorn Wars (2022) o el fascinante mundo de la animación japonesa, con sus altibajos. La industria, poco a poco, se está haciendo eco de estos diamantes en bruto, lo que nos lleva a nuestro hombre del día, el oscarizado Gints Zilbalodis.

Nacido en Letonia en 1994, su breve recorrido por la animación nos ha dejado trabajos para el recuerdo, un gran canto a la vida y la naturaleza. Además de promover la liberación de los medios artísticos, creando su obra enteramente en un software de acceso libre llamado Blender, utilizado en la industria del videojuego. Un gesto simple, pero que marca un precedente para posibles futuros animadores.

Para comentar sus primeras iteraciones en el medio, debemos viajar a sus años de instituto, donde, de forma autodidáctica, creó sus primeros cortos con un estilo 2D y una clara predilección por tomas largas de enorme dinamismo. En Rush (2010), la cámara sigue al protagonista mientras intenta cruzar la acera, realizando un buen juego visual. Mientras que en Aqua (2012), experimenta con la apertura de planos y un uso más jugetón del color y el movimiento. El movimiento es esencial en su trabajo, siempre hay leves movimientos aún en escenas de calma, principalmente de la naturaleza, ya sean ráfagas de aire o las olas del mar. Esto se ve aún mejor en Priorities (2014), donde la lluvia no solo se presenta como un elemento más de la naturaleza, sino que sirve para exteriorizar la carga dramática del protagonista. En este corto, destaca el paso al 3D, una evolución un poco acartonada, pero que funciona por un gran juego de colores. Además,Zilbalodis cae bien, es un muy buen tío, solo hace falta ver Followers (2014), su único intento de thriller, en la cual demuestra su particular incapaz de construir personajes amorales.

La fuerza de sus imagenes y movimiento guían la narrativa, acompañado por un uso de la música que marca y acentua las emociones, principalmente, porque es cine mudo. Pero un cine mudo, que consciente de lo que inicialmente era una limitación, sabe construir para enfocar la narración en la creación de un ambiente sonoro genial, cimentado en el uso de música y efectos de sonido. Es una edición de sonido sutíl, pero que perfila la narrativa sin comerse el ecosistema de la obra. Esto lo demuestra magistralmente su corto Inaudible (2015). Una historia simple, la de un trompetista que de un día para otro se queda sordo y lidia con el pesar de no poder escuchar. Lo que hace especial a la obra lo encontramos en el uso de la música como herrameinta que cimenta la narrativa, así como en su apartado visual, que combinando 3D en personajes y 2D a base de acuarelas en sus fondos, emociona sin una palabra. Y es que a veces olvidamos que el cine es un medio audiovisual y que podemos emplearlo como una herramienta narrativa más.

En 2019, Glis da un gran salto con su primer largometraje: Away. Lo curioso de esta cinta, y del trabajo anterior del director, es que él lo hace todo. Dirige, escribe, compone y anima, lo que cimenta una visión de autor total, pero, al mismo tiempo le limitó enormemente. Ya sea en su animación, a ratos acartonada, o su uso del cine silente, que inicialmente surge de la falta de medios.

Si a lo largo de su obra, el letón mostraba una visión de la vida a través de la naturaleza y el impresionismo, es en esta cuando abraza a uno de su referentes, Hayao Miyazaki, empleando como antagonista de su primera cinta a un monstruo de tamaño gigantesco y forma indefinida, recién sacado de La princesa Mononoke (1997). El filme nos cuenta la historia de un chico que por accidente aterriza en una misteriosa isla desierta plagada de naturaleza y restos humanos. El joven deberá recorrer la isla en motocicleta para econtrar una salida, siendo en su camino acosado por un misteroso ser gigantesco que absorve seres vivos. Más allá de una trama clásica de viaje del héroe con un alegato pro naturaleza, de claro paralelismo con Studio Ghibli, destaca por su refinamiento visual, en una clara evolución de su cine anterior. Aquí, abraza el 3D a su particular manera, con un estilo un tanto poligonal que recuerda claramente a la industria del videojuego. La cinta es una máquina de momentos preciosos, como el lago espejo o todas las escenas que involucran animales, pese a poder resultar acartonada en ocasiones. Además, emplea un estilo narrativo particular muy simple y depurado, basado en las expresiones y movimientos de sus personajes, complimentado con el uso de la música, en un ritmo que recuerda a una versión simplificada del slow cinema, aunque con una puerta de entrada accesible. La película se muestra como un culmen en la evolución técnica y narrativa del director, perfeccionando recursos ya existentes como el empleo de la cámara como un personajes más, lo que da pie a secuencias largas, de gran potencia narrativa.

Si Away es la parabola de un individuo perdido en busqueda de un hogar y la pertenecia, Flow (2024) es la historia de un grupo de desconocidos que colaboran juntos para sobrevivir y formar una familia. En la evolución lógica de la narrativa del cine de Zilbalodis, pasamos de la inseguridad del individuo en sociedad al temor por los lazos, simbolizando la evolución del director, de trabajar solo a dirgir a un equipo en una película más ambiciosa como es esta. El gato de Flow, no deja de ser una representación del propio Zilbalodis.

Flow, indudablemente, va a pasar a la historia. No tanto por su calidad, pese a ser indiscutible, sino por ser la primera cinta de animación independiente en llevarse en los Óscars el galardón a mejor película de animación. La historia de un gato negro, que ante una inundación de dimensiones bíblicas, deberá colaborar con un grupo muy diverso de animales por la supervivencia. Parte del corto Aqua, del que hablamos con anterioridad. Cada animal, ya sea lémur, perro, capibara o gato, posee una fuerte personalidad representada en gestos y sonidos, hablando cada uno con sus propios sonidos. Es una cinta enternecedora, tanto por la inevitable simpatía por estos animales en un contexto tan adverso como por una animación preciosa. El aumento de escala y equipo es más que evidente, con un aspecto visual inmaculado que construye sobre el estilo propio del director de colores vivos e impresionista en el trazo. Todo resulta superfluido, el entorno preciosamente iluminado, los animales suaves y vivos o una cámara que sin mantenerse quieta sabe donde poner su mordaz mirada. Destacando el agua, que no solo parece un personaje más, sino que se siente vivo y real, aún siendo uno de los elementos más difíciles de animar y renderizar en 3D. Es la evolución de un estilo personal llevado a las posibilidades que ofrece un mayor presupuesto.

La obra de Gints Zilbalodis es una oda a la vida, pero sobre todo al medio de animación. Rompiendo moldes, con un galardón que muchas veces damos por sentado como lo es un Óscar, el letón a abierto un camino nuevo para la animación independiente europea, mostrando que cualquier material es bueno si lo que se cuenta, se cuenta con sinceridad. Recomiendo sus dos largometrajes, aunque a Away sea necesario perdonarle algún que otro defecto. Ahora solo queda esperar a su siguiente trabajo, que si sigue la estela de sus antecesoras será otra marravilla para el alma.

Zilbalodis celebrando la premiación en un In-N-Out

Una respuesta a “Gints Zilbalodis: El ejercito de un solo hombre”

  1. Muchísimas gracias por la descripción tan bella del director y sus películas. Cometarios tan precisos como el bisturí de un cirujano

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